Hace tres años y medio yo trabajaba en una Agencia de Turismo, desde hacía 9 años, y todas las tardes regresaba a las 20, caminando hacia mi casa. Para esto debía atravesar la Plaza principal de la ciudad y cruzarme inevitablemente con los acalorados caceroleros de ollas Essen, los representantes de los piquetes de la abundancia. En ese tiempo yo escribí en este blog, que por entonces era otro, este post que fue el segundo de una larga serie de posts que se prolongaron, con el cambio de temática obvia, hasta el día de hoy.
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